¿Qué debes saber sobre la Manifestación de Valor Electrónica?
- Es una responsabilidad fiscal directa: No es un simple formato administrativo adicional; es la declaración legal donde el importador asume toda la responsabilidad sobre cómo determinó el valor en aduana de sus mercancías.
- El desafío es operativo, no tecnológico: Las constantes prórrogas de la autoridad ocurren porque las empresas tienen la información dispersa y sufren para unificar facturas, contratos, pagos y gastos en un solo expediente digital auditable.
- La tecnología exige estandarización: Automatizar el proceso es totalmente posible, pero la Inteligencia Artificial o el software no corrigen datos incorrectos ni sustituyen controles internos deficientes; primero hay que ordenar la casa.
En los últimos meses hemos escuchado hablar de la Manifestación de Valor prácticamente en todos los foros de comercio exterior. Sin embargo, me atrevería a decir que muchos hablan de la obligación, pero pocos comprenden realmente lo que representa para las empresas.
La Manifestación de Valor no es un formato más. Tampoco es un requisito administrativo adicional, es, en esencia, la declaración mediante la cual el importador asume la responsabilidad sobre la forma en que determinó el valor en aduana de sus mercancías. Dicho de otra manera: es el documento que sustenta la base sobre la cual se calculan impuestos, contribuciones y el cumplimiento de una operación de importación.
Entonces surge una pregunta importante: si la obligación existe desde hace años, ¿por qué hemos visto tantas prórrogas para su implementación electrónica?
La respuesta es sencilla: porque el reto no es tecnológico, es operativo.
La autoridad busca una mayor trazabilidad de la información, relacionando facturas, pagos, contratos, gastos incrementables, documentación soporte y evidencia comercial en un solo expediente digital. Esto implica cambios profundos en los procesos internos de las empresas, particularmente entre las áreas de compras, finanzas, fiscal, comercio exterior y logística.
Las prórrogas han sido necesarias porque gran parte de las organizaciones aún se encuentra construyendo esa trazabilidad. No se trata solamente de cargar información en VUCEM; se trata de asegurar que los datos sean correctos, consistentes y auditables.
La realidad es que muchas compañías todavía operan con información dispersa en correos electrónicos, archivos Excel y sistemas que no se comunican entre sí y aquí aparece una de las preguntas más frecuentes: ¿se puede automatizar la Manifestación de Valor? La respuesta es sí, pero con una condición fundamental: primero hay que estandarizar los procesos. La automatización no corrige datos incorrectos ni sustituye controles internos deficientes. Las empresas que buscan automatizar exitosamente la Manifestación de Valor deben comenzar por identificar el origen de la información, definir responsables y garantizar la calidad de los datos antes de pensar en tecnología.
De hecho, uno de los mayores aprendizajes que nos deja este proceso es que la transformación digital en comercio exterior no comienza en la aduana; comienza dentro de la empresa.
Quizá el dato más preocupante es que, como país, el nivel de adopción de esquemas realmente integrados y automatizados sigue siendo bajo. A pesar de que llevamos años hablando de digitalización, muchas organizaciones continúan dependiendo de procesos manuales para actividades críticas relacionadas con el valor en aduana.
La Manifestación de Valor Electrónica está evidenciando una realidad que ya existía: el reto no es cumplir con una nueva obligación, sino modernizar la forma en que administramos la información de comercio exterior.
Por ello, considero que las prórrogas no deben verse como una oportunidad para posponer proyectos, sino como una ventana para prepararse correctamente. Porque cuando la obligatoriedad llegue de forma definitiva, las empresas que hayan trabajado en sus procesos tendrán una ventaja competitiva importante, mientras que aquellas que esperen hasta el último momento enfrentarán no solo riesgos de cumplimiento, sino también impactos directos en la continuidad de su operación.
La conversación ya no debería ser cuándo entra en vigor la Manifestación de Valor Electrónica. La verdadera pregunta es: ¿qué tan preparada está nuestra organización para demostrar, de manera digital, cómo construye el valor de cada importación que realiza?

José Abraham Mondragón
Director de Supply Chain, Todo Moda
























